Sunday, September 10, 2006

Uno, dos y ¡TRES!

El tercero implica el salto. En esa etapa siento que estoy entrando. Estoy dando un gran salto. Puedo percibir la fuerza del movimiento hacia arriba, pero es extraño, al mismo tiempo quiero llorar. Uno, dos y tres, cae una lágrima. Uno, dos y tres, enciendo mis sábanas de dolores. Uno, dos y tres, me duele el pecho, se me ahogan las palabras, se me oprimen los suspiros... Uno, dos y... soy la tercera en llegar al gran encuentro. No la última, pero la tercera. No acostumbro a llegar en ese lugar. Me gustan los primeros.
Uno, dos y tres; tres y tres, como mis años, la edad de Cristo y bla bla bla. "Diga tres y tres, treinta y tres".
Uno, dos y tres, tercera vez que escribo sobre nada, y entre la nada aflora el recuerdo... de tres días con sus noches, multiplicados por varios años, siguiendo el mismo ritual amoroso-cotidiano (que tiene más de lo primero que de lo segundo, e inexistencia de lo tercero).
Uno, dos y tres... ¿Quién se va primero a dormir? Seguramente yo... no acostumbro a ser ni seguna ni tercera, aunque siempre hay segunda después de la tercera.
Uno, dos y tres, ¡tiqui tiqui ti!

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